Aparecer mucho, sentirse poco
Carrera en TV, exposición, una agenda llena. Por afuera, todo. Por adentro, una incomodidad creciente que no sabía nombrar — y que se calmaba con lo que estuviera a mano.
No es la historia que me hubiera gustado contar. Pero es la única que tengo. Y es, hasta hoy, la herramienta más honesta que tengo para acompañar a quien la está pasando mal.
Empecé en la televisión muy joven. Fueron años de mucho ruido, mucha cámara, mucha gente alrededor. Aprendí oficio, aprendí a estar en cancha — y aprendí, sin darme cuenta, a tapar lo que dolía con lo que estaba a mano.
Cuando todo te aplaude, es muy difícil escucharte. El consumo no aparece de un día para otro. Aparece como una manera de seguir adelante. Hasta que se vuelve la única manera. Hasta que es lo único.
Cuando lo tenés todo, te cuesta ver que vas perdiendo lo único que importa.
Hubo un momento en que dejé de poder mirar a los ojos. A mí, primero. Y después al resto. La televisión se aleja sola cuando uno no puede sostener la silla. Los amigos también — algunos. Algunos no. Esos son los que después te ayudan a volver.
Toqué un fondo que no es uno solo. Son muchos fondos. Cada vez que pensás que ya está, encontrás uno más abajo. Y un día — sin épica, sin película — alguien te dice algo y empezás a escuchar. No porque te convenzan. Porque ya no te queda nada.
Para empezar a salir, alguien tuvo que quedarse. No hablar. Solo quedarse.
Sin años exactos. Las fechas no le sirven a nadie — lo que sirve es saber que hay un después.
Carrera en TV, exposición, una agenda llena. Por afuera, todo. Por adentro, una incomodidad creciente que no sabía nombrar — y que se calmaba con lo que estuviera a mano.
El consumo deja de ser anécdota. Se vuelve estructura. Te organiza la vida sin que te des cuenta. Lo importante empieza a estorbar.
Tocar fondo no es un solo momento — son muchos. Es una etapa donde lo único que sigue funcionando es la negación. Hasta que ni eso.
No hubo épica. Hubo una persona que se quedó al lado sin pedir nada. Eso alcanzó para empezar. No para curarme — para empezar.
Volver a dormir. Volver a comer. Volver a llamar a la gente que querés. Aprender a estar solo sin que duela. Aceptar ayuda profesional. Sostener.
Me formé como Operador Socioterapéutico especializado en adicciones y hoy doy charlas motivacionales en comunidades de recuperación, escuelas, clubes y organizaciones. Acompaño en espacios como Amanecer y otros. No reemplazo a nadie. Sumo lo único que tengo: lo vivido. ❤️